¡Que viva el NO al Tratado de Paz en Colombia!


Camila de la Fuente Sandner
Prácticum 1
           
            Colombia lleva luchando contra la FARC desde hace más de 50 años. Miles de muertos, desaparecidos, heridos, secuestrados y torturados han sido producto de este movimiento narcotraficante. Obviamente, los colombianos desean la paz. Es lógico que algo que suene como “tratado de paz” nos haga sentir seguros y animados a votar por un SÍ. Pero entonces, ¿por qué Colombia votó en su mayoría por el NO? ¿Por qué, en realidad, los colombianos tomaron la mejor decisión?

            El NO al Tratado de Paz fue el mejor camino que Colombia pudo haber tomado. Suena alocado decirlo, pero es cierto. El plebiscito rápidamente dio respuesta a un 50,2% en contra del acuerdo con la FARC y un 49,7% a favor. Estuvo reñida la votación a pesar de que la abstinencia fue elevada. Ganó el NO y las personas en el mundo se preguntan porqué. Las razones están redactadas adentro del mismo tratado. La pregunta que le hago a todos los que dicen en primeras instancias votarían por el SÍ: ¿leyeron el tratado de paz?



            Tocaremos los puntos más importantes del tratado que –creo yo- que son suficientes para demostrar que no todo es tan lindo como lo pintan:

Reincorporación de las FARC-EP a la vida civil en lo económico, social y político
Se hubiesen reintegrado a la vida civil aproximadamente 7000 guerrilleros activos. Podrán participar social, económica y políticamente. La mayoría de los guerrilleros serán juzgados bajo la amnistía y no pagarán condena. Si confiesan y dicen perdón, no tendrán prisión los crímenes contra el derecho humanitario como el reclutamiento de niños, violación ni secuestros. Normalmente a estos actos ilícitos se le otorgan 30 años o más en la cárcel. En el caso de que no confiesen, sólo se le otorgarán entre 5 y 20 años de cárcel.

Participación política de la FARC:
Los rebeldes tendrían la posibilidad de convertir la FARC en un partido político legal, a pesar de que en el artículo 122 de la Constitución Colombiana se prohíbe la aspiración a cargos de elección popular a quienes hayan sido condenados por crímenes. Luego de formar legalmente su partido político, el movimiento recibiría aproximadamente US$ 2,4 millones del Estado para así establecerse políticamente y poder difundir su ideología. Además, tendrían garantizados un mínimo de 10 escaños entre la Cámara de Representantes y en el Senado por dos períodos presidenciales. Si tenían suficientes votos incluso podían tener más escaños. A pesar de poder ser culpable de crímenes de lesa humanidad, cualquier líder de la FARC podía encabezar los respectivos escaños. Por otra parte, se les otorgarían 31 emisoras y un canal de televisión para difundir sus ideas.



Se desarrolla el campo colombiano:
A través de “La Reforma Rural Integral”, según el gobierno, se buscaría crear condiciones de bienestar para la población que vive en zonas rurales. Esto desarrollaría el área de agricultura y trabajo en el campo de Colombia y debe de ser impulsado por ambas partes: la FARC y el gobierno. Pero no hablan de la devolución de tierras arrebatadas a los campesinos, que llegan a ser 5 millones de desplazados en el país.

Fin del narcotráfico:
En el tratado se habla del fin del narcotráfico en Colombia y la entrega de armas de los rebeldes. Lo que no se toma en cuenta es que la FARC nunca ha admitido que trabaja en narcotráfico y que este es su motor central económico para sobrevivir. Lo que sí admiten es que han formado parte de casos graves de violación a los derechos humanitarios de miles de colombianos y están dispuestos a pedir perdón. También se habla de reparar los daños, pero no se especifica si esto es real o simbólico. Tampoco se menciona el hecho de que la mayoría de los rebeldes están trabajando en las fronteras de Venezuela y el movimiento tiene apoyo público del gobierno chavista de Nicolás Maduro.



            Cuando escuchamos “paz”, suena muy bien a los oídos de cualquiera. Es fácil manipular usando la preciada palabra. Maquillar un tratado que beneficia a la FARC y no a los colombianos es un acto de hipocresía del gobierno. Además, irónicamente han usado como intermediario a uno de los tiranos más feroces que tiene a Cuba sin paz desde hace más de 50 años. Refleja muy bien la intención del “proceso de paz” de Santos.

            Este proceso ha sido confuso para el mundo porque entidades internacionales como la ONU y el Papa Francisco apoyaron el tratado de paz. Como menciona la periodista Marta Lucía Ramírez “El acuerdo tiene apoyo internacional y de varios sectores nacionales, por el enunciado ambicioso de sus capítulos y gracias a avances indiscutibles en los capítulos de desarrollo del campo colombiano, fin del narcotráfico, desmovilización y entrega de armas y participación política de las Farc.” (2016) Pero también es indiscutible el hecho de que la mayoría de los beneficios se los lleva la FARC y que el proceso no está completamente claro para ser factible. De las ambigüedades se pueden aprovechar.

          
  Es muy importante recalcar que estamos hablando de terroristas. ¿Negociarías con ISIS? ¿Lo dejarías caminar por la calle -sin condena-  por haber pedido perdón? ¿los dejarías tener, además, un partido político financiado y un canal de televisión? Terroristas son terroristas, no importa la religión, la raza ni la ideología. Con ellos no se negocia.

            En Colombia hay que hacer justicia y aplicarles la ley a la FARC. Se deben de  eliminar este tipo de tratados que celebran la impunidad. Si no, en el  futuro cualquier otro grupo con la misma intención sabe que con un simple tratado de paz les van a perdonar todos sus pecados. Es hora de dar el ejemplo.

            ¿Cómo vas a darle paz a todas esas personas que perdieron a sus familiares y amigos cuando vean a sus asesinos caminando, sin condena, por las calles? ¿Cómo la llamas “paz” a la posibilidad de que un terrorista puede llegar, incluso, a la presidencia? ¡Por eso le aplaudo a Colombia! Han tomado la decisión más sabia, evitaron un desastre que marcaría para siempre la historia.


            No olvidemos un punto crucial: para que exista paz, debe de haber justicia.


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