Sangre de niños: El aquelarre de Goya

  


Por Eduardo Romero Torres (@LAmericaHoy)
ArtePeriodismo
Alumno de Prácticum I

En el centro de la escena se está llevando a cabo un ritual de brujería.
Dos mujeres envenenaron a sus hijos para satisfacer la petición del demonio.  

Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828) fue un pintor y excelente grabador de España. Su estilo visceral y atormentado salió a relucir en una de las series pictóricas más impresionantes de toda la historia del arte: Pinturas Negras (1819-1823). Con sus gruesas pinceladas retrató un mundo de superstición e ignorancia como el que vivía la sociedad de su tiempo. Su significación tan sugerente y tenebrosa de la realidad hizo que en el año de 1798 el mundo conociera una de sus obras más emblemáticas: El Aquelarre.  


Este lienzo fue una obra adquirida por la Duquesa de Osuna para su palacio de El Capricho. En ella se observa, al centro de la escena, al mismísimo demonio en forma de macho cabrío. Es de noche y se está llevado a cabo un ritual de brujería. Coronado por hojas de vid, el Gran Cabrón preside un círculo formado por mujeres grotescas que le ofrendan los cuerpos inertes de niños esqueléticos.


En primer plano, se observan las consumidas manos de una vieja bruja que le ofrece a Satán un escuálido infante. A sus espaldas, otra mujer sostiene una larga vara de la cual cuelgan una serie de fetos humanos. Es muy probable que el antecedente principal para que Goya realizase este cuadro se encuentre en el Auto de Fe de Logroño (1610), texto antiguo que se encontraba archivado en la biblioteca de los duques de Osuna.




Sin más ni más, este lienzo es una alusión a la visión popular que se tenía de las brujas en aquella época, mujeres horripilantes que chupaban la sangre de niños inocentes durante las noches, los cuales quedaban tan debilitados que morían instantes después de ser masacrados para caer en las garras del demonio por toda la eternidad.   

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