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miércoles, noviembre 03, 2010

El culto a la muerte

Por: Arturo Corona

Fotografías: Paulina Corona De Aragón


Los mexicanos nos reímos de la muerte, nos burlamos de ella con calacas, le llamamos "la huesuda", "la flaca", "la tilica", "la parca". Nos reímos del paso hacia la muerte, pero evitamos llamarla por su nombre, decimos "se petateó", "estiró la pata", colgó los tenis", "se peló". Llevamos de comer a nuestros muertos, les iluminamos el camino para que no se extravíen cuando vienen a visitarnos, les tocamos su música favorita, les ponemos sus fotos, nos emborrachamos en sus tumbas, nos comemos calaveritas de azúcar, comemos pan de muerto adornado con huesitos, hacemos rimas con la tilica y flaca y siempre decimos: "se nos adelantaron".




El culto a la muerte está muy arraigado en nuestras tradiciones, ya desde nuestros antepasado los aztecas se consideraba a la vida como una transición hacia el reino de la muerte, de la oscuridad.




Marca la tradición que la celebración del Día de Muertos inicia el 31 de octubre con la fiesta de Todos los Santos, el 1 de noviembre toca su turno a las almas de los niños o Santos Inocentes que llegan a visitar a sus familiares. EL día 2 se le conoce como el Día de los Fieles Difuntos que son los adultos muertos que tienen permiso para visitar a sus parientes que se han quedado en la tierra, es cuando los “vivos” agasajan a sus muertos haciéndoles el camino más fácil iluminando sus tumbas con velas, colocando artículos y comida de su gusto, así como retratos de sus seres queridos.



Para los pueblos prehispánicos la muerte no es el fin de la existencia, es un camino hacia algo mejor, una transición hacia otro estado. Vida, muerte y resurrección es lo que enseña la religión católica.
Este año la realidad diaria con los 30 mil muertos en la guerra contra el narcotráfico, nos obliga a rendir culto a la muerte pero no como una tradición más, sino como una forma de protesta ante la violencia y las ejecuciones, un ya basta del baño de sangre que vemos a diario, las calaveritas nos sirven como un catalizador de los conflictos diarios.



El día de muertos desplazó por primera vez al jallowin, en las calles se veían pocos niños vestidos con sus disfraces de diablitos, momias, o calacas, fueron superados por las mega ofrendas monumentales montadas este año en el Zócalo capitalino y en Ciudad Universitaria. Esto además de los sitios tradicionales en los que se da culto a la muerte. Los panteones, el pueblo de Mixquic, el estado de Michoacán.

Escribió Octavio Paz en su obra "El Laberinto de la Soledad": la muerte es un espejo de la vida, por lo tanto, son insuperables y a ambas se les rinde culto. Así lo vimos este pasado Día de Muertos, la manera en que los mexicanos poseemos esa facinación, ese temor, a la muerte. Tan grande es nuestro miedo que nos burlamos de ella. "Nuestra relación con la muerte es íntima", como lo decía Paz, y agregaba: "es más íntima que la que pueda tener cualquier pueblo"







En el Zócalo


Las autoridades capitalinas en conjunto con las delegaciones, se lucieron este año al organizar un evento único de día de muertos. Escenografías multicolores en las que predominaban los colores amarillos y violetas de las flores de cempasuchitl, un enorme árbol de la muerte florida, que representa a Mitlantecutitl, señor de inframundo en la cosmogonía de los aztecas. Un pequeño panteón con tumbas prehispánicas en donde abundan los colores del cempasuchitl. Dos hornos de pan trabajaron sin parar para ofrecer el pan de muerto.




Muy atractivos dos vagones del metro donde viajaban apretujados pasajeros que habían pasado a mejor vida. En su destino el vagón decía "barranca del muerto" aunque también podía haber dicho "panteones". Tranvías y autobuses de la red de tranporte de la ciudad fueron adornados con calaveritas. También un coche de bomberos con esqueletos de traga fuegos.


La ofrenda de CU



En la explanada conocida como las islas, la Universidad Nacional invitó a 43 escuelas preparatorias, institutos, y facultades a montar ofrendas del día de muertos. Lograron montar 60 altares a los muertos. La creatividad de los estudiantes fue evidente, calacas de revolucionarios, de independistas, de políticos, de trabajadores, de obreros, todos pasados a mejor vida. Se logró reunir mil 667 calaveritas de azúcar en un altar prehispánico. Hubo concursos, lecturas, poesía, cuento, fotografía y teatro todo alusivo a la muerte. Así terminó una fiesta más en honor de nuestros muertos. Una tradición que resurge como algo importante en nuestra cultura.
















2 comentarios:

  1. Ya lo dice el nuevo diccionario de "Mexicanismos" de la RAE. Acepta los términos "se petateó", colgó los tenis", "chupó faros". La muerte arraigada en nuestra sociedad.
    Felicidades por el blog, temas interesantes y atractivos!.
    Miguel Gómez Luna
    DF

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  2. muchas gracias por tomar en cuenta el cuadro que diseñe, la verdad es que esa era la idea, además ciudad universitaria siempre ha apoyado las nuevas ideas asi es que no se sorprendan si este año aparecen mejores hehehe saludos Tania Escoto ENEO-UNAM

    ResponderEliminar

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