Por: Erika Malo
Es el año 2018, han pasado casi 57 años desde
las guerras que Ghada (el nombre de la persona fue cambiado por motivos de seguridad) vivió cuando era niña en Siria, pero aún así parece que
nada ha cambiado.
Siria bien podría apodarse “el país de las
guerras sin fin” ya que sus ciudadanos han pasado décadas de estas, hasta la
actual guerra civil que se vive en el país árabe.
Entrando en contexto, la guerra civil Siria es
un conflicto bélico que estalló a principios del 2011 en el cuál se enfrentan
las Fuerzas Armadas de Siria del gobierno del presidente, Bashar al-Asad,
contra grupos armados rebeldes de diversa índole, conocidos como la oposición
siria. Seis años desde el estallido de esta guerra y las cosas no parecen
mejorar; la crisis de refugiados sirios en Europa y otros países árabes, ha
creado tensión entre los gobiernos y ha causado controversia alrededor del
mundo. Algunos atribuyen los recientes ataques terroristas, en países europeos,
a los refugiados. Así como también ha generado división y odio entre razas y
religiones, sin contar las miles de muertes y el sufrimiento que ha provocado
este conflicto. Un conflicto de intereses donde se hace evidente que los
hombres pierden su humanidad cuando de poder se trata.
La situación que se vive en Siria es demasiado
compleja, es un país con dos corrientes islámicas diferentes: el chiísmo y el
sunismo. Esta diferencia de corrientes, en el Islam, es un principio
fundamental para los musulmanes y causa de muchos conflictos bélicos. La familia de Bashar
al-Asad es alauita, una minoría chiíta, que controla a una mayoría sunita. Por
eso los sunitas protestan de cómo una minoría puede controlar a una mayoría.
Como lo mencione anteriormente, Siria se ha visto envuelta en diversas
guerras o golpes de estado desde hace ya varios años, algunos de esos
conflictos le tocó vivir a Ghada, quien nació en las montañas de
Siria, frontera con Líbano, en el seno de una familia cristiana ortodoxa (la
primera iglesia cristiana ortodoxa del mundo), ella vivía con sus papás y sus
hermanos pero en ocasiones donde los países vecinos entraban en guerra y viajaban
a Siria para refugiarse, los sirios eran obligados por el gobierno a resguardar
en sus casas a esas familias que llegaban buscando refugio. Así que una
temporada larga, la familia de Ghada tuvo que dar asilo a una de ellas.
“Tuvimos que encargarnos de ella totalmente, no hay un apoyo económico
por parte del gobierno para cumplir con ella, en realidad la recibimos con
mucho amor y le dimos la comida que había, todo era sembrar en la tierra y
comer de la siembra”.
Ghada nació en noviembre de 1963, a su generación le llaman “la
generación de los sótanos” porque les tocó cuatro guerras y vivían y crecían
más en el sótano que en casa debido a los ataques de los aviones enemigos.
“En realidad, mi niñez la viví con un poco de miedo, de no saber que
pasará mañana pero esto no me quitó el gozo y la felicidad de la niñez, porque
fuera del tiempo de guerra, era una infancia muy sana, muy bonita.”
Su pueblo, como lo describe Ghada, era un pueblo hermoso, con ojos de
agua y arboles frutales.
“Mi papá tenía ranchos de manzanas, de cerezas, de olivo y por lo tanto,
yo era una niña sana, sino fue por la guerra y el miedo podría decir que fue
una infancia buena”.
En esa época, Siria acababa de salir del dominio francés, el cual no
permitían que los sirios estudiaran o crecieran, por lo que en la región de Ghada había solamente una escuela primaria para 15 pueblitos con dos maestros, uno de
ellos, su padre. Después se trasladó a una ciudad cerca de su pueblo para
estudiar la secundaria y la preparatoria. Al graduarse, empezó la carrera de
ingeniería mecatrónica en la Universidad de Damasco (capital de Siria), donde
vivió en University City que era una
ciudad completa para estudiantes.
“Mi carrera no era una carrera para niñas, pero siempre me gustaron
muchos los números, así que no me importo e hice mi tesis en robótica”.
Hablando un poco de esto, Ghada explica que una de las razones por las
que ha sido difícil conquistar Siria es por el hecho de que es un país culto.
“El fanatismo es de gente ignorante. En mi pueblo que eran 300 casas
había más de 50 doctorados, la gente era súper preparada, te hablaba más de
tres, cuatro idiomas, por esto la guerra civil que ahorita esta en mi país es
una guerra de intereses, una pelea en nuestro territorio de las potencias más
fuertes del mundo por sus intereses, que es la Unión Europea, Estados Unidos y Rusia,
Irán y China”.
Durante las guerras, lo que Ghada recuerda es que no podían prender luces,
no podían salir a las calles.
“El 50% de nuestros juegos de niños eran juegos de guerra, éramos
soldados con nuestros rifles de madera” cuenta un poco entre risas, “pero
recuerdo un caso donde fuimos a las montañas a cortar orégano que salía
naturalmente de las montañas, y vimos como un avión sirio perseguía a un avión
israelita y lo atacó. Vimos la caída del piloto en paracaídas y fuimos a dar
voz al pueblo. Recuerdo como lo recogieron y como lo entregaron al ejercito.
Muchos recuerdos que en la niñez no lo veíamos como algo grave, era como de una
película, pero ahora que valoro las cosas, en realidad fue tiempo de mucho dolor,
de mucha incertidumbre, mucha necesidad porque en una guerra no hay ni comida
en el país, hasta si tienes dinero no hay nada que comprar.”
En la escuela los niños sirios tenían que aprender obligatoriamente
ejercicio militar cuatro horas a la semana.
“Nos enseñaban defensa de un arma
blanca, andábamos debajo de alambres de púa, nos metimos en llantas con fuego,
bajábamos en paracaídas, nos preparaban totalmente para la guerra, tanto
mujeres y hombres, porque los hombres iban a la guerra y las mujeres se
quedaban para cuidar el país”.
En 1989 el padre de Ghada decidió emigrar a México, ya que tenían
algunos familiares viviendo en el país pero cuenta con tristeza sobre su
familia que quedó en Siria.
“Sufren mucho, murieron de mi pueblo
25 jóvenes y de mi familia cuatro primos que estuvieron en el servicio militar
ya que es obligatorio.”
Aunque escapes de las guerras, llegues a otro país con más seguridad y
estabilidad, se queda en lo más profundo de tu ser los efectos del temor, del
miedo, de las angustias provocados por la guerra.
“Cuando llegué a México de Siria, me quedaba en la casa de mi hermana que
está casada con un mexicano en la Ciudad de México. Yo estaba dormida y de
repente, empezó el ataque. Me tiré en el piso como nos enseñan a defendernos
allá (en Siria) y empecé a gritar a mi hermana ‘¡Shara! ¡Shara! Están atacando
México’ y mi hermana despertó muerta de risa y me dice ‘No, están festejando a
la Guadalupe, son cohetes’”.
Para Ghada y seguramente para muchos otros, no es fácil crecer en un
país de guerra, se necesita tiempo para sanar y hasta podría decir que algunos
no sanan nunca.
Actualmente en la guerra civil Siria que se vive en el año 2018, existen
tres niveles: local (causas propiamente de Siria), a nivel regional (que
incluye a los vecinos de Siria, que son Arabia Saudita e Irán) y nivel
internacional (los intereses de Estados Unidos y Rusia o de Arabia Saudita e
Irán en Siria).
“Debido a la crisis a nivel mundial, Bashar al-Asad ya no pudo conservar
ciertos subsidios en los alimentos, subió el precio de la gasolina y la gente
se enojó por este tipo de cosas de los cuales antes tenían beneficios y ahora
se los quitaron. También ya están cansados de tener a un gobierno autoritario.”
Explica la internacionalista y coordinadora académica de la Facultad de
Estudios Globales en la Universidad Anáhuac Norte, Yoanna Shubich.
El terrorismo es uno de los problemas más grandes que se están dando en
el mundo hoy en día, teniendo sus bases en estos países árabes, como explica la
internacionalista.
“En Iraq, hay células ligadas a
Al-Qaeda, que se van a entrenar a Siria y como todo mundo empieza a mandar
dinero y armas, estos aprovechan este campo. Hay que entender que en sí lo
único que une a todos estos grupos rebeldes es que quieren fuera a Bashar
al-Asad. Tienes a 14, 15 grupos distintos para derrocar a Bashar pero cuál es
el problema, que no se ponen de acuerdo, cada uno tiene su propio proyecto para
Siria.”
Cuando se meten a tantos actores y tantos intereses, la situación se
complica y al final la solución no va a venir de los sirios. Todas las
potencias del mundo se tienen que poner de acuerdo para acallar una solución en
Siria, una guerra que ya costó más de tres millones de refugiados donde las
consecuencias son que estos refugiados se están yendo a Europa generando
presiones. Más de 300 mil muertes en seis años y el problema es que no se ve
una solución cercana.
“Si te fijas aquí la población siria no vale para nada, no tienen ni voz
ni voto, las decisiones las van a tomar los grandotes y el problema es que de
esos grupos tan diferentes opositores y rebeldes a quién vas a poner y quién va
a tener la fuerza para cuestionar a todos”.
El mundo es bastante hipócrita, no es razonable el número de muertes en
estos últimos años y que no se pueda hacer nada. Por cuestiones humanitarias
esto se tiene que solucionar más que por cuestiones económicas, políticas y
sociales.
“Si Europa quiere dejar de tener
una crisis de refugiados, que arreglen Siria y ya no tendrán a estos
refugiados” concluye la internacionalista y coordinadora académica Yoanna
Shubich.
La solución tiene que ser diplomática de parte de las grandes potencias
al ponerse de acuerdo pero es difícil dejar de lado el ego del poder una vez
que estos líderes ya están tan sumergidos y consumidos por esto.
Es difícil encontrar esperanza al huir de una guerra, parece casi
imposible este pensamiento. Como Ghada, después de haber crecido en ella, de
hacer de esta destrucción diaria tu normalidad, tienes que aprender a vivir de
nuevo. En otro país lejos del tuyo, con una cultura diferente, un idioma que
desconoces, costumbres ajenas a ti y la añoranza de tu tierra. A pesar de estas
circunstancias, buscas apoyo, logras acoplarte, mezclarte entre la gente y poco
a poco empiezas a visualizar la luz al final del túnel. Creces, conoces,
aprendes, entiendes, te emocionas, te deprimes, empiezas a vivir una vida nueva.
La luz es más y más grande ante tus ojos. Y a lo mejor, si llegaste joven como Ghada, logras formar una familia, tus hijos crecen en un país sin guerra, no
tienen ni la más mínima idea lo que es esconderse en un sótano, el sonido de un
bombardeo o alarmas de mísiles, eso te da calma, encuentras tu paz interior en
ellos. La luz al final del túnel ya está frente a tus ojos. Entiendes que sí
hay esperanza después de una guerra, hay oportunidad. Tienes un chance más para
reconstruir lo que creías perdido. No va a ser fácil para todos ni mucho menos
igual, pero existe una fuerza poderosa dentro de todos los seres humanos que
los mueve a lograr algo inalcanzable, como cada quién lo quiera llamar, Dios,
universo, fe, etc., el factor de supervivencia en este mundo globalizado y
roto, es fuerte y hace lo imposible por salir de uno mismo y encontrar una
última oportunidad de sentirse humano otra vez.
“Hemos aprendido a volar
como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo
arte de vivir como hermanos.”
-Martin
Luther King
Foto: Sedat Suna/ European Pressphoto Agency
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