Entre espacios que convergen
Por Lorena Rocío Arvizu Rivera.
México se encuentra en el centro de varios fenómenos. Afortunadamente para nosotros, durante el mes de abril, sucedió en la capital de este país, uno que no nos remite a la catástrofe, no a vidas perdidas, o a sistemas políticos fallidos, al menos directamente.
Durante cinco días, tuvimos la oportunidad de presenciar otra clase de fenómeno, esta vez respecto a las nuevas propuestas del arte –alrededor del mundo-. En el centro Banamex, varias hectáreas fueron destinadas a ser recinto de nuevos conceptos. Arte viajero que nos acompañó desde lugares como Brasil, Japón, Nueva York, o materia propia de nosotros los anfitriones. Una especia de bazar de arte donde galerías de todo el mundo traen arte a México.
El estar en Zona Maco es al principio un desconcierto, para los principiantes en este campo, ver la interacción de la comunidad ya conocida es a momentos incómodo y al mismo tiempo intrigante. Es indudable el conocimiento que incluso superficialmente se nota en algunas personas que se encuentran al frente en la representación de las galerías, puedes estar viendo una pieza, mientras al lado llama tu atención la explicación que alguien está dando sobre otra, y no sin suficientes elementos que suenen lógicos.
No es poco el espacio que se dedica a este evento, y no es para menos. A modo de introducción, se tienen algunas de las publicaciones existentes sobre arte o sus campos en relación, hay gran parte de estas que no son fáciles de encontrar en cualquier sitio. En ese sentido, me parece necesario que sean más accesibles, pues es uno de los puntos frágiles de este bellísimo campo de acción, es la falta de difusión que lo hace más que excluyente, a momentos desconocido.

No es poco el espacio que se dedica a este evento, y no es para menos. A modo de introducción, se tienen algunas de las publicaciones existentes sobre arte o sus campos en relación, hay gran parte de estas que no son fáciles de encontrar en cualquier sitio. En ese sentido, me parece necesario que sean más accesibles, pues es uno de los puntos frágiles de este bellísimo campo de acción, es la falta de difusión que lo hace más que excluyente, a momentos desconocido.
La importancia de espacios para dar conocimiento de los artistas y sus creaciones es entonces fundamental para el desarrollo.

Después de todo, no es fácil encontrarse en medio de tantas obras. Con honestidad al final resulta agotador, más aún cuando muchas de las obras que allí se encuentran cumplen la empatía con el espectador. En ciertos trabajos no resulta complicado quedarse un largo lapso mirando, como viajando entre las ideas que tiene, los trazos, los colores, y por supuesto los materiales que pueden engañar si no se observa a detalle.
Hay piezas tan bien elaboradas que causan conflicto sobre el material, o la técnica empleada; al menos para aquellos que no somos expertos en la materia.
Creo también que el lugar nos permite percatarnos de la mezcla sucedida en un mundo meramente globalizado. Y es que las galerías no se limitan a proyectar artistas de su país, oriundos, sino dejan al conocimiento cuantiosos autores de diversas nacionalidades, en los que simplemente vislumbraron potencial, sentido, y transmisión de ideas.
De tal modo, una galería española puede tener entre sus adjuntos a creadores coreanos, o estadounidenses, o una mexicana a grandes artistas de renombre, tal es el caso de Demian Hirst con el espacio Galguera.
Zona Maco ¿Qué es lo que nos deja?

Siendo la primera vez que asistí, y a pesar de ir en un inconveniente estado debido al cansancio, primero perspectiva. Sobre la diversidad que se tiene, que desconocemos, y que existe en el campo.
Tantos nombres que nos son omisos, no más de galerías que de artistas. Algunos que sin conocer contexto cualquiera sobre su origen, trayectoria, o historia misma, reflejan en cada uno infinidad de emociones que llevamos en la superficie, o que creíamos ya desechadas.
Es como si el mundo, juntando algunas obras, careciera en ciertos aspectos de diferencias.
México, desde hace ya años, (pues como en todo tuvo un época un tanto apática) es un digno representante del arte contemporáneo, semilla de numerosos artistas, y buen difusor al exterior no tanto como al interior (sobre todo en ciertos estados de la república).

Cuando uno se encuentra a la deriva, -y es casi a modo literal- en ese espacio, es casi cautivadora la incertidumbre que se siente.
Sin embargo, reitero, para aquellos que estamos en la iniciación de los cauces casi inagotables del arte, resulta apabullante tal concentración de piezas, que al parecer no logran un sentido (aunque quizá no es esa su intención), ni explicación, o lógica; sólo un infinito cúmulo de emociones y pensamientos.
Pero cuesta entender este mundo, el funcionamiento y naturaleza del arte, en donde pocos se atreven a hacer una exploración profunda, a dejarse llevar por los casi interminables matices que ofrece. Paradigma.
Variaciones para encontrar nuestro propio sentido.
Lorena, tu artículo es excelente, con honestidad refieres las dificultades que se presentan muchas veces entre obra y espectador, desgraciadamente el arte contemporáneo es un lenguaje primitivo que manifiesta la índole humana, entre creador y creación, adentrarnos a la profundidad del contenido es agotador por muy atractiva que nos resulte la visita al museo, y más cuando se trata de tantas culturas diferentes y sobretodo viniendo de personas, plasmadas innumerablemente por toda la galería.
ResponderBorrarTu texto me ha resultado muy acogedor, iré sin pensarlo dos veces.
Un abrazo
excelente, muy completo y divertido... me quede con muchas ganas de ir pero tu descripción es maravillosa!
ResponderBorrarfelicidades!